UNA NARRACIÓN SOBRE LAS FUENTES DE NUESTRO PUEBLO, Y OTROS RECUERDOS DE NUESTRA ÉPOCA DE MOZOS.

 

NUESTRO PUEBLO 

Ya ha vuelto la fama al pueblo,
lo he podido comprobar
lo he visto este verano
como vecino del bar.

Tenemos panadero y
dos tiendas pa comprar,
tenemos el alguacil
que es un hombre muy amable
y con ganas de trabajar,
para los reventones de agua
tampoco nos vendrá mal

La Ramona y su marido
bien se podrán comportar,
ya que son profesionales
y lo saben manejar pa celebrar 
cumpleaños y preparar buen rancho
a los de 65 años y la Asociación Cultural.
Y también para la escuela,
con los niños que ambos tienen,
tampoco nos vendrá mal.

SOBRE LAS FUENTES 
El relato que yo cuento
es bueno de recordar,
ha pasado medio siglo
o quizás un poco más.
Son recuerdos tan bonitos
para refrescar la memoria
que si no se suele atrofiar.

No es porque sea mi pueblo
ni me gusta alardear...
como el término de Loscos
en todos los alrededores
no hay otro que se pueda comparar

Tenemos muy buenas fuentes
que servían para abrevar
para llenarte el botijo
y remojar los fencejos
cuando íbamos a segar.

Unas veníais de los caños
otras erais de ribazos
y otras de manantial,
pero sí agradecíamos que 
en cualquier punto del término
al estar bien arregladas 
se llenaba el botijo o se bebía
en un vasico y se podía abrevar.

Sois varias en el término
pero con distinto nombre
estabais muy bien cuidadas
parque al entrar el verano
se preocupaba un hombre
de que estuvierais limpias.

Se marcharon de este mundo 
esos seres tan queridos
y que tanto las mimaban
pues al entrar el verano
con mucha delicadeza
ellos mismos las limpiaban.

Y os limpiaban por orden
así es como yo recuerdo:
Maximino los Parrales,
el caño Ballano Ambrosio,
el tío Julio Cabegordo,
el Juncar Mariano Roche
Tres Castillo Simeón y
los Hondoneros Bajos Miguel Romeo.

Y se limpiaban las balsas
para abrevar el ganao,
se abrevaban los machos,
remojaban los fencejos
pero con mucho cuidado
para no enturbiar el agua
ya que para los pastores
el tener el agua limpia era sagrado.

Teníamos la de la Artota
que tenía lavadero
con buen chorro de agua fresca
pero sin abrevadero
que en otros tiempos pasados era,
del agua sobrante, 
que se abastecía el pueblo.

Vamos a la fuente Rubio
que también tenemos otra,
ésta la limpiaba el tio Cosme,
que allí tenía la huerta.
Como era el agua tan mala,
sólo era para abrevar,
pues criaba sanguijuelas
y si te bebías un vaso
te hacía mal paladar.

En los Hondoneros altos
lo hacía José Navarro
y de la fuente del ribazo
se encargaban unos cuantos,
pues ponían una teja
para llenar los cántaros.

Nunca nos olvidaremos 
de la fuente de los curas,
que en los huertos más pésimos
se crían buenas verduras,
unos regaos con la acequia
y otros regaos a pozal,
se criaban los tomates
y también buenas lechugas.

Recuerdo de la fuente Miguel Chico
que no se puede abrevar
sólo beberte algún vaso
y llenabas el botijo
cuando íbamos a binar.
Cuando bebías dos veces 
la tenías que tirar
como es agua tan salobre
se te ponía mal cuerpo
y peor el paladar.

También en las Fuentecillas
tenemos dos buenas fuentes
con un nombre especial
que nos servían para beber
y también para abrevar.
Una arriba y otra abajo,
a la entrada del verano
con mucha delicadeza
os solían limpiar:
la de abajo el tio Cesáreo
la de arriba el tio Luciano.

Y qué nombre tan bonito
la fuente de Juan Andrés
que también es manantial,
sale el agua muy fresca
y puedes beberte un vaso
si paseas hasta el Reajo,
y de ponerte decente
se encargó Pedro Navarro

 

Y ya que cuento las fuentes,
que no se me quede atrás,
tenemos el caño Lucas
que no se puede abrevar 
si no llevabas pozal,
te llenabas el botijo
y te echabas un vasico
y aquello era un manjar

También teníamos otra
que no era para abrevar,
ésta estaba en el Ramblar,
era también fresca y buena
y nunca te hacía mal
y como nombre tenía 
el caño de Hermenegildo.
Allí se escondía un vasico
que guardaban los pastores
y también los labradores,
llenábamos el botijo
cuando íbamos a viñar.

Y de la fuente de los Olmos 
qué queréis que os cuente,
tiene una historia bonita
que a los nacidos en Loscos
nos gusta recordar,
cuando íbamos a lavarnos la cara
la mañana de San Juan.

El milagro de la fuente
los convirtió en Venerable,
que con pinchar el bastón
allí empezó a brotar agua
para que bebiera el ganao
y poder lavarnos la cara.
Así la hemos recordado,
por poco que haya llovido
la fuente no se ha secado.

Y qué diremos también 
de la fuente del Herrero,
que era un gran manantial,
rodeada de piedras 
y más limpia que el coral,
que llenabas el botijo
y remojabas fencejos
cuando íbamos a segar,
y se llenaban cántaros
y la fuente seguía igual,
brotaba con tanta fuerza
que parecía cristal.

La que más hemos mimado
y la sabemos apreciar
es la fuente de San Roque,
aunque desaparezcan los huertos
y también el lavadero,
tiene un bonito entorno
y con buen abrevadero.

La Asociación Cultural
te ha sabido conservar.
¿Y si hiciéramos lo propio
con el resto de las fuentes?
Si no las cuidamos más
morirán como inocentes.

Tenemos otra fuente 
que muy cerca del pueblo está
y con nombre especial.
Es la fuente de las Palomas.
Era Gregorio Simón 
quien la solía limpiar,
ya que estaba en su finca
y las palomas de la torre
por la mañana temprano
cuando rodean el chapitel
de ahí descendían el vuelo
y a ella iban a beber.

Mi despedida de las fuentes,
de todas en general.
Al no tener nieve en invierno
y en primavera temporal
y no limpiarlas un poco,
para poder sobrevivir,
a este paso que llevamos
todas vais a morir,
y esos recuerdos tan buenos
que de vosotras tenemos
las personas más mayores
nunca los olvidaremos.

Y convertidas en pozos,
contando y recontando
me salen por un igual,
pero a la hora de hacer
uno la cosa no suena igual.
Son balsas particulares
y buenas para regar,
ni se remojan fencejos
ni se llena uno el botijo
y no se puede abrevar.

OTROS RECUERDOS
De las recenas del horno
hay bastante que contar.
Unos ponían el vino
otros ponían el pan
otros llevaban patatas
para ponerlas a asar.

Las asaba el tio Dionisio,
muy querido por los mozos
y para el horno era especial,
nos las asaba tan bien
que, para todos nosotros,
aquello era un manjar.
Además de acompañarnos,
él ponía la sal.

Y después de la recena
el cuerpo se calentaba
y venían las apuestas,
unos a tirar al palo,
otros se iban a cargar
y los que éramos más flojos,
o no teníamos caudal,
cogíamos las guitarras
y marchábamos a rondar,
a cantar a las mozas
que no nos costaba na.
Como el cuerpo iba caliente
lo podíamos aguantar.

Espero que los lectores
bien me sabrán perdonar
si algo se me ha olvidado
o lo haya hecho mal,
pues ya me reclaman los nietos
para salir a pasear.
Se me ha acabado el rollo,
se me calientan los cascos
y ya no me da para más
 

Mariano Bello Herrando
10 de octubre de 2001

Sigue en la otra columna>>arriba>>

  Publicado en ORICHE Número 43,
ENERO DE 2002
 

www.loscos.info

inicio

contacto

Aviso legal